domingo, marzo 04, 2007

Las bailarinas azules


Se habían leído los labios en todos los idiomas y los cuerpos se habían leído y bebido y querido a todas horas también. Calla, no digas nada, dijo. Y a ella se le cayeron dos o tres lágrimas que parecían no querer irse a ninguna parte, sólo escapar de allí. Te quiero, contestó. No digas nada, volvió a decir, que tu amor no es más que dos palabras, que no me mantiene vivo, que lo que quiero es sentirlo de verdad, sentirlo con la piel y con tus ojos, que seas capaz de darme un dedo o una oreja o un hombro, que seas capaz. Lo soy, contestó sollozando. No, no lo eres, sólo me quieres porque he prometido hacerte mi musa y tú has querido enamorarte de mí, dijo y que nunca había sentido amor ni por su sombra dijo y que mucho menos por un artista bohemio que vivía en una buhardilla y sólo comía dos o tres veces por semana, de noche, encima del colchón sin sábanas donde dormía, asomado por la ventana minúscula que escondían tantos y tantos amaneceres. No, no me quieres, sólo estás maravillada, dijo. Maravillada porque nunca has sido como yo, porque nunca has conocido a nadie como yo, que se puede permitir el lujo de ser un inconsciente, un insensato, un muerto de hambre con muchas ideas, eso sí, muchas ideas y muchas imágenes en la cabeza y mucho arte y mucha esquizofrenia también.

3 comentarios:

Princess Valium dijo...

Pero le quiere de verdad...¿a que si? Sí, yo creo que le quiere con locura.
Un besito

D. dijo...

Q seria del mundo sin los insensatos muertos de hambre con la cabeza llena de ideas.

Nepente dijo...

esta hermoso. me encanto.