sábado, marzo 17, 2007

http://www.youtube.com/watch?v=s9e7ot5R6L4
Quiso estar presente mientras Lynch dictaba órdenes ante el telón rojo. Que Blue Velvet es suya y sólo suya y nadie era más irresistible que ella, ni tenía la piel tan suave ni tan azules los ojos. Y quería estar en todas las películas de Rohmer que no ha visto y en una de Patrice Leconte con un sugerente vestido de color imposible, y en todos los colores de Kieslowski, por supuesto. Le habría gustado enamorar a un director ruso y convencer a Mamet de su método. Habría llorado por ser recortada por Medem en un plano de Tierra, o por ser musa del Woody Allen de siempre. Amó inspirar a von Trier entre tanta heroína del dolor, que ya era hora de una venganza dulce y lenta. Siempre quiso unos zapatos rojos de purpurina y tres amigos, tres, como los tres cerditos, los tres ositos, las tres malvadas de la Cenicienta (que todos sabemos que a Disney le encantan los números tres y 7, y un montón de simbología imposible de descifrar sin que lo hayan hecho ya antes). Se quedó con las ganas pero hubiera matado por tener unos años más y la cara de Francesca para el Madison County. Y por ser la Lolita de Kubrick, la filósofa de Tokio, la muñeca vagabunda de una película japonesa, o el fuera de campo más hiriente de In the Mood for Love. Quiso ser todas ellas, y muchas más, muchas que no se atreve a pronunciar, que le han causado bastantes quebraderos de cabeza y muchos cristales rotos.

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