domingo, septiembre 25, 2005


Estaba lloviendo ahí fuera. Miré por el cristal unos minutos, como intentando no pensar en nada de lo que estaba ocurriendo. Te dio tiempo a leer el periódico, beberte el café, fumarte un cigarro... pagar la cuenta. No podía mirarte. No soportaba que tus ojos estuvieran diciéndome la verdad. Pensaba, qué ingenua, que la mirada, al igual que las palabras, son capaces de mentir. Pensaba que seguirías fingiendo que todo iba bien, que me llamarías esa noche para que fuera a tu casa, que seguiría en pie la cena del sábado en ese restaurante asiático que tanto te gusta. Me despertó el sonido de tu silla y no pude evitar mirarte al levantarte. Tú no te diste cuenta. Disimulé tanto como me fue posible. Agarré el bolso. Tú cogiste mi abrigo, me lo colocaste dulcemente sobre los hombros y abriste la puerta. Yo seguía sin cruzar mi mirada con la tuya. Tenía miedo a una respuesta;Bastante daño hacían ya las palabras. Tú miraste a ambos lados sin decir nada. Empezamos a andar, como siempre, hacia ninguna parte. Protegías mi cabeza con el periódico. Las noticias del día se vertían sobre mí como antes me empapaba tu silencio. Dejó de llover. Retiraste bruscamente el periódico y lo tiraste en la primera papelera que encontraste. Vi como tu mano se dirigía a ella con una ansiedad asombrosa. Necesitabas librarte de ese periódico mojado. Al fin y al cabo ya lo habías leído y había perdido toda utilidad. Ya ni siquiera servía para protegerme. Miré hacia el suelo. Observaba mis pies sobre el asfalto. Pensaba en mis zapatos rojos sobre el suelo gris. Tenía una canción en mi cabeza. Giré una calle coincidiendo con el estribillo. No podía sacarla de mi cabeza. La repetí incansablemente hasta que llegué a mi portal. Miré hacia atrás y ya no estabas. Debí haberme dado cuenta al doblar la esquina que tú tomaste la otra dirección.

5 comentarios:

ayn dijo...

me pareció brutal la primera vez que lo leí, y hoy, de nuevo, me ha enganchado. son fragmentos de un libro que nos vas a regalar, o pedacitos de tu corazón de tinta roja?... me intriga...la historia es intensa, triste,..., tiene fin? o principio?...y esa canción que se repite en su cabeza, de estribillio haciendo esquina con abandono, tiene nombre?...más!!!

alZhu dijo...

Son pedacitos. No tiene principio ni fin. La canción me golpea en la cabeza como la lluvia sobre los zapatos. Pero su nombre es secreto.

Gracias por escribir

yai dijo...

Me encanta el sonido de la lluvia golpeando contra mi ventana. Pero me gustan todavía más los estribillos que retumban en la cabeza al doblar la calle en dos mitades.
Hasta pronto!

kay dijo...

Gracias por acercarlo hasta aquí, es más fácil leerte así.
Y no, já! no voy a meterte la misma parrafada que posteé en tu anterior blog ;) bico blumen

kay dijo...

gracias por lo de hoy. no sé q nos pasa!! odio el otoño, me vuelve estúpida, y estar en territorio de nadie.
no nací para el otoño